artist statement

In my work, the human being is both, protagonist and observer of his role. He is active on what he feels and on what he is touched, on what he looks for and what he does not find. He is passive and submissive to Nature forces. He reacts aggressively to pain and loss, and it seems always to be alert.

Vast expanses of water and infinite space surround these beings without shelter. Migrants, conscious of their finitude, display and record their routes, leaving a tangle of strokes as light traveling through time.

the skeleton coast

Kurt Folch Maass

“Here you will find peace, they said”
E. Jennings

La blanca herida del sol entre la bruma es el día
sobre el monótono paisaje que aparece
sin principio ni fin tras paredes limpias
de todo señuelo para la memoria.

Desde aquí se distinguen esas altas flores
sin nombre conocido que se alzan
sobre el nivel de la maleza: grietas
extendidas hacia el cielo de la tarde.

Y constante como el cansancio o el hastío sopla el viento
arrastrando oleaje de arena, cuerpos de insectos que giran

en el polvo. No hay caminos,

huellas que seguir o luces en la noche
que señalen dirección alguna.

Da igual. El tiempo

y la soledad no consuelan, ni conceden sabiduría:
desconocemos lo que se extiende más allá
de esos horizontes de sal. Llegamos
a esta tierra inservible como desterrados
(nos gusta pensar) de algún antiguo imperio

o peces

ocultos en los rincones de un barco hundido
con la única certeza de haber sido la mala sombra
que se abrió sobre la luz del cuerpo amado,

un poco de humo
entre las piedras de cada lugar que pisamos, cargando el fastidio
de un permanente bregar entre pequeñas virtudes y torpezas,

falta de claridad:

no haber callado a tiempo, agostar
la hierba tierna que creció a nuestro alrededor.

En fin, cosas:

trucos simples para malgastar el tiempo: el vino, los amigos:
muletillas de la lengua repetidas hasta el cansancio
en el ocio de la tarde o en un cuarto a oscuras.

Nosotros que amábamos
los bosques y la lluvia,

esperamos

ahora, cada día
para sentarnos al sol

como si la vejez
y el miedo

nos marcaran la frente
pensando en la aridez de los desiertos.